miércoles, 16 de noviembre de 2016
Una historia de amor lesbiano
No soy un melómano. Los conciertos a los que asistí se cuentan casi con los dedos de una mano. No por nada en Rock and Ball escribí casi siempre de deportes. Solo un par de posts de los que subí fueron musicales.
A pesar de ello, y como fanático de la tecnología, decidí bajarme Spotify en mayo de 2014. Era la chance de poder escuchar la música que me gustaba. Más allá de los temas individuales, también agregaba playlists. Y éstos eran casi una caja de sorpresas, ya que allí escuchabas lo que había, propiciando el descubrimiento de bandas o solistas de los que nunca uno escuchó hablar.
A decir verdad, mi vida amorosa tuvo más pálidas que otra cosa. Aunque también, como diría Cerati, a veces pongo canciones tristes para sentirme mejor. Por ese motivo no dudé en agregarla a mi listado de playlists. De curioso, uno revisa los temas y los artistas. Y había un nombre en estos últimos que me generó una cierta intriga: “Love of Lesbian”.
¿Qué carajo era? Al principio me imaginaba que era una banda de mujeres. Si eran lesbianas o no, no me constaba. Pero sí que tenían algún sesgo íntegramente femenino, como “4 Non Blondes”. Pero lo más curioso es que, al lado de ese nombre de banda anglosajón, estaba un nombre de canción en español, lo cual me agregó un cierto desconcierto.
“¿A qué no sabes donde he vuelto hoy? Donde solíamos gritar”. Así arrancaba aquella canción. Y el que la cantaba no era una mujer onda la hoy esposa de la actriz que hacía de Leslie Winkle en “The Big Bang Theory” (sí, esa era la misma cantante que cantaba “Whats up?” en plenos años 90), sino un hombre de voz ronca.
De a poco ese tema, “Allí donde solíamos gritar”, al que terminé agregando a mi listado de canciones el 23 de octubre de 2014 (uno de los más eclécticos que uno puede encontrar), me empezó a rondar en mi cabeza. Al final descubrí que era el tema introductorio del disco “1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando la luna)”. Un disco que no es un simple rejuntado de canciones, sino que además termina contando una historia. La historia de un hombre y el recuerdo de una relación sucedida 10 años atrás (el disco se lanzó en 2009). Al escuchar el disco uno puede experimentar aquellas sensaciones que tuvo tanto durante el amorío, como una década después: indiferencia ante el resto (“Las malas lenguas”), celos (“El ectoplasta”), roces iniciales (“Segundo asalto”), segundas oportunidades (“Incendios de nieve”), quiebre definitivo (“1999”), superación (“Miau”) y nostalgia (“2009. Voy a romper las ventanas”).
“Mirada universal de alcance personal
Me hipnotizó por fin con su verso letal”
Así dice el verso del clímax de “Club de fans de John Boy”, tema siguiente a “Allí donde…” el cual narra cómo él, que odiaba al cantante favorito de su novia, pasó a ser fanático del mismo. Sin nunca haber odiado a “Love of Lesbian”, de a poco me fui enganchando. 1999 fue la piedra basal sin ningún lugar a dudas. Eso provocó saber más de esta banda.
En los inicios cantaban en inglés, idioma en el que lanzaron sus tres primeros álbumes: “Microscopic moves” (1999), “Is it fiction?” (2001), y “Ungravity” (2003). Más allá de las valoraciones de la crítica, y de la invitación de The Cure a ser sus teloneros en una gira española, nunca tuvieron demasiado acompañamiento del público. Eso se empezó a lograr en 2005, cuando Santi Balmes, frontman y compositor principal de LoL, decidió hacer canciones en español.
“Maniobras de escapismo” fue el primer paso dado por la banda. La primera frase de la canción inicial (Carta a todas tus catástrofes) parece una señal respecto a este nuevo rumbo: “Vamos a localizar el núcleo del error”. Tuvieron éxito en esa misión: empezaron a ganar en popularidad. Dos años después fue el turno de “Cuentos chinos para niños del Japón”, que también aportó a la consolidación de la banda. Pero el verdadero boom fue con 1999. Tres años después llegó “La noche eterna -Los días no vividos”.
El estilo de LoL es muy variado, yendo de temas más festivos (“Si tú me dices Ben, yo digo Affleck”, “Pizzigatos”, “Me amo”), a otros más oscuros (“Wio, antenas y pijamas”, “Universos infinitos”) de unos con bastante carga humorística (“Marlene, la vecina del Ártico”, “Villancico para mi cuñado Fernando”, “Los toros en la Wii (Fantástico)”) a otros más románticos (“Un día en el parque”, “Oniria e Insomnia”).
Ya por mediados de 2015 era casi todo un Lesbiano. Aunque me faltaba un pequeño detalle: nunca fui a un recital de ellos. Para el Ciudad Emergente de 2011 Spotify no estaba disponible en Argentina. Y estaba en medio del “año sabático” que estaban teniendo. Sin embargo, siempre se puede hacer una excepción. Y eso hicieron para Chile, Colombia y nuestro país, en una especie de minigira sudamericana.
“Todos los raros fuimos al concierto”… Y así fue el 26 de septiembre en The Roxy, donde repasaron sus mejores canciones de los cuatro álbumes en español, con especial énfasis en los dos últimos (los cuales, asimismo, fueron los de mayor éxito). Más allá de lo musical (para quien escribe estas líneas, el playlist fue muy acertado), Balmes demostró ser un muy buen showman, sea haciendo algún chiste con el público, o manejando los tiempos del recital, más allá de que los otros músicos (los guitarristas Julián Saldarriaga y Jordi Roig, el bajista Joan Ramon Planell, y el tecladista Dani Ferrer) también aportaron lo suyo.
Después de esas dos horas intensas, llegó la grabación del nuevo disco: “El poeta Halley” (no es la primera vez en que mezclaron astronáutica con poesía: en “Maniobras…” estaba la canción “Houston tenemos un poema”), el cual salió en marzo. Sin embargo, y casi como un regalo anticipado de cumpleaños para un servidor, lanzaron su primer single: “Bajo el volcán”. Una canción (y un video también) que hace que esa espera cuatrienal haya valido la pena.
El resto del disco estuvo a la altura, con el climax en “El poeta Halley”, cuando apareció Joan Manuel Serrat recitando un poema de Balmes. Hubo puntos altos con “En busca del mago”, “Los males pasajeros” y la más festiva “IMT”. Sin llegar al súmmum que fue 1999, el álbum fue escuchado tanto en digital como en físico (el cual salió a la venta a mitad de año).
A veces, uno encuentra el amor en un lugar inesperado. Con la música puede suceder lo mismo, tal como demostró esta historia de amor lesbiano. Un amor al que veré por segunda vez esta noche en Niceto, un año, un mes y 20 días (y media cuadra) después de la experiencia en The Roxy. Sin dudas, será un rencuentro (in)esperado en noche azul.
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